Esquirlas del Eco (Sesión en mesa, grupo 02): Preludio

Escrito por Trasgo
3 · 09 · 24

Trasgo Narrador

Comienza así la primera sesión en mesa de Esquirlas del Eco.

Narra: Trasgo

Participantes:
Jasnah – Tieflin erudita (bruja de pacto infernal)
Aedan – Semielfo huérfano (pícaro)

Trasgo Narrador

Todos érais presos. Ya fuérais culpables o no, os habían privado de vuestra libertad. Con una condena larga y pesada para algunos o la inminente ejecución de la sentencia al despuntar el alba, la sospechosa y sin duda mágica oferta de liberación fue todo cuando necesitábais. Salir de allí. Libraros de ese aciago destino. «Sí». Esa palabra desencadeno la magia en el hechizo latente…

3VR-XVIII Plano Material – Hispalis, Costa Roja

Casa de campo de la familia Traediel
4º día de Umbralis de 3823 – Noche de luna llena
(12 jornadas para el día de las sombras)

Escena 1 – En el muelle

Las olas entraban en la pequeña bahía rompiendo contra las rocas con violencia y su eco resuena en perdiéndose por el complejo de cavernas. Pese a ello, la noche estaba traquila, apacible. Nadie se había percatado de las ausencia del vasallo que debía estar patruyando las afueras de la mansión, con su reluciente armadura y su porte altivo. El único que podría haberse dado cuenta era el vasallo, también de reluciente armadura, manos suaves y que siempre fumaba en sus guardias apostado en la puerta del almacén que, en aquel tiempo, hace las veces de armería. Ninguno lo vio venir. Esa noche no discutirían sobre el hecho de fumar peligrosamente cerca de la pólvora. De hecho, jamás volverán a discutir.

Una gran sombra pasa por los tejados de la edificación sumida en el más absoluto silencio.

Retrato de Hans Estertich. Cubre su cabeza con un paño de trapas rojas y negras del que asoma una larga y grasienta melena rubia descuidada. Su sonrisa pícara, que conserva todos sus dientes, contrasta con la mugre y salitre de su rostro.

Hans Estertich

El tipo de aspecto fornido y curtido por el sol sale de la armería. Desaliñado y bastante sucio limpia su estoque con un pañuelo sucio y ensangrentado. Viste con cierto aire pirata. Luce chaleco marrón desgastado sobre camisa harapienta que alguna vez fue blanca. Un pañuelo de rayas rojas y negras cubre su cabeza. Su cabello rubio enmarañado cae a ambos lados de su cara risueña.

Su risa es el único sonido ahora pero cualquiera la habría confundido con los gruñidos de un cerdo rebolcándose en el barro.

El pirata desciende las escaleras a paso rápdio. -¿Será aquí?- pregunta al aire -¡Sí! En esa zona del muelle- responde alguien desde arriba. De donde caen mochilas que Hans va amontonando sobre la madera del pequeño muelle, muy cerca de las rocas.

En primer término el muelle que da a las escaleras ascendentes. Las olas pasan por debajo con violencia. No hay barcos. Unas escaleras ascendentes también iluminadas llevan a la entrada de lo que parece un almacén

Justo donde había dicho la voz «de arriba» dos figuras aparecieron de la nada. Escucharon las olas, olieron la brisa salada y sintieron la humedad en el rostro. Ambos se miraron unos segundos en silencio. La primera figura era una muchacha de unos 16 años de edad, de ojos vivaces y mirada atenta. El segundo era un adulto joven, de unos veintipico años, vestido de cuero negro con zonas endurecidas y pelo rubio.

-Hola Virming- dijo ella -No soy Virming- contestó el enarcando una ceja. -Ah. ¿Y qué haces aquí?- la pregunta de ella no obtuvo respuesta. -Yo soy Jasnah. ¿Qué haces aquí?- la muchacha continuó sin obtener respuesta mientras el joven la miraba suspicaz con el ceño fruncido.

Hans, que se había mostrado distante, oculto en las sombras, arrojó dos de las mochilas a los pies de los recién aparecidos emitiendo su peculiar (y desagradable) risita porcina. -¿Virming?- preguntó ella. Él negó con la cabeza -Soy Hans Estertich. Virming es mi capitán. Soy de la tripulación del Despeñapresos y ahora vosotros también- la joven y el vestido de cuero se miraron -¿Despeñaqué?- preguntó ella. Hans eludió la pregunta. -Ahí tenéis vuestro equipo…- dijo rascándose enérgicamente la nariz. El joven sacó un atillo de cuero con ganzúas y diveras herramientas de ladrón. Su leve sonrisa delató a qué se dedicaba.

-Pero no podéis ser parte de la tripulación así, sin armas. ¡Seguidme!- Hans encabezó la marcha subiendo los escalones que los separaban del almacén/armería de dos en dos. -Entrad y coged lo que queráis. ¡Como si fuera vuestro!-

Jasnah se había presentado pero el ladrón no había dado su nombre.

A este punto ambos jugadores tuvieron su equipo. Armas, víveres, útiles, herramientas… aquello que no tenían en la armería estaba en sus mochilas.

Los dados no tardaron en correr por la mesa de juego. Jasnah y Aedan intentaban percibir qué estaba fuera de lugar en aquel almacén.

Jasnah abrochó las correas que sostenían la ballesta sobre su pecho. El arma quedó a su espalda, junto a la mochila. Colocó los virotes de su ballesta en el cinturón y éstos cayeron sobre su muslo derecho. Para cuando ella terminó el joven ladrón ya tenía un arco corto y un carcaj a la espalda, la vaina de una espada corta junto a su muslo izquierdo y un par de dagas en el cinto.

El ladrón miraba hacia arriba. Jasnah siguió sus ojos. Había emblemas en las paredes sobre las armas. Él no recordaba haber visto ese escudo nobiliario, algo extraño pues había trabajado para varios gremios de ladrones en algunas de las ciudades más importantes. No obstante, ella sí lo reconoció. -La familia Traediel- comentó aunque ninguno le dio mucha importancia. Hans aguardaba en la puerta -¡Qué! ¿Listos? Vamos que no tenemos toda la noche…- lancó una mirada por encima del hombro hacia el muelle -…el resto no tardará en llegar.-

Escudo nobiliario de la familia Traediel. Famosa por sus fiestas y su riqueza. Su sello es el gariván de plumas doradas. Un ave que se extinguió hace tiempo.

El pirata los sacó de la armería y los dejó entre los edificios, ocultos en las sombras -Ya vienen… ya vienen- dijo en susurros entrecortados por la risa porcina. -Quedáos aquí y ahora vengo. No hagáis ruído.-

Hans dejó al joven ladrón y a Jasnah ocultos en la sombra de un hueco entre los dos edificios. Desde allí, podían ver con facilidad el pequeño muelle azotado por las olas.

Hans fue a su hueco en el muelle mientras la realidad cambiaba, como una lente que distorsionara su contorno. Se formó una burbuja que desapareció con un «blop». Ésto ocurrió 6 veces. Con cada «blop» aparecía un personaje distinto que Hans entregaba una mochila y acompañaba a la armería para bajar de nuevo a repetir la operación.

El primer «blop» trajo un enano de musculoso torso descubierto.
El segundo vino acompañado de una druida de ropa sencilla y orejas sutilmente puntiagudas.
Con el tercero apareció un semiorco de rasgos prominentes y un montón de herramientas que sacaba de la mochila y colocaba en su cinto.
La cuarta era muy exótica, una tabaxi. Tenía el tamaño de una mujer pero orejas, morro, cola de un gato atigrado de pelo gris y blanco.
El quinto era también algo exótico. Un humano con el que Jasnah torció el gesto. Un tieflin como ella.
La sexta y última era una mujer que vestía túnicas ceremoniales de algún dios pero sus músculos delataban alguien fuerte y ágil. Una luchadora.

Si quieres más datos sobre estos recién llegados echa un ojo por aquí.

Hans condujo a los seis a la armería. -¡Coged lo que queráis!- dijo mientras lentamente retrocedía saliendo del edificio. Cuando los seis estuvieron entretenidos buscando sus armas, el pirata de risa porcina regresó con Jasnah y el ladrón. Les hizo un gesto para que salieran de su escondite y lo siguieran.

Escena 2 – Planta baja. Casa de Campo Traediel

-Esta es casa de contrabandistas- reveló Hans -Vuestra misión es entrar, conseguir algo de gran valor y salir.- El ladrón giró el rostro -¿Qué gano a cambio?- Mientras estaban ocultos y el resto de personajes llegaban, el joven había tenido tiempo suficiente de analizar el edificio, esbozar rutas de entrada y de salida, evaluar posibles amenazas y, sobre todo, medir el grado de éxito de un posible trabajito. -¡Quédate con lo que robes!- contestó Hans -Demostrad que sois dignos merecedores de pertenecer a mi tripulación y no os faltará comida, oro o lo que queráis- resolvió con contundencia, parcialmente ofendido. -¡Ah! Y no olvidéis incendiar la casa antes de salir- Aquello pilló por sorpresa al ladrón pero Jasnah sonrió -¡Vale!- dijo divertida.

Hans se apartó de ellos. -¡Eh!- gritó con fuerza -¿Dónde están?- añadió en voz alta. Rápidamente se apartó del camino descolgándose por la barandilla y perdiéndose de la vista.

De la casa no tardaron en salir 3 vasayos pertenecientes a la nobleza. Vestían relucientes armaduras que burían su pecho y espalda, de manos suaves y bien peinados. Junto a ellos salieron 5 hombres rudos con armaduras más sencillas, resistentes y que permitían movimientos ágiles. El joven los reconoció en seguida -mercenarios, y de los peligrosos-.

No tardaron en darse cuenta que sus compañeros, uno en la puerta de la armería y otro paseando por el recinto, no estaban. Comenzaron a andar hacia la armería cuando una voz ronca resonó amenazadora desde el interior del edificio -¡Tú! Acompáñame fuera- los 8 hombres se quedaron quietos en el sitio. De la armería salieron el exótico tieflin y el alto semiorco de las herramientas. Los 8 hombres los miraron con ojos como platos. Desenvainaron sus armas, 3 directamente sacaron las espadas y echaron a correr, 5 prefirieron los arcos. El tieflin y el semiorco retrocedieron rápidamente metiéndose de nuevo en la armería.

Era el momento de entrar en la casa. Jasnah salió de su escondite demasiado pronto para el gusto del ladrón. Ambos miraron a través de la primera ventana -despacho- y de la segunda -recibidor- y entraron por la puerta teniendo especial cuidado de dejarla como estaba.

Jasnah había visto la biblioteca del despacho y nada en el mundo la disuadería de ir a mirar los libros pese a las quejas del ladrón -¡Ahí no habrá dinero!- decía él -¡Pero hay libros!- añadía ella.

Entraron con cuidado. La luz de las antorchas del exterior se filtraba por la ventana dejando la estancia en silencio. El joven ladrón echó una rápida ojeada con ojo experto. Si hubiera algún libro de gran valor no lo tendrían en la estantería junto a la puerta, ni en la más alejada del escritorio a no ser que fuera una reliquia o antiguaya. No. Se centró en el escritorio.

Cada jugador se centró en un punto de interés. Ella, la biblioteca; él, el escritorio. Los dados corrieron por la mesa.

Mientras tanto, Jasnah fue leyendo cada lomo, cada portada, cada volúmen que le pudiera interesar. Muchos de ellos trataban asuntos financieros. También había algún que otro libro sobre indumentaria y trajes pero éstos estaban en la balda de abajo y no llegó a leerlos. Sacó uno que hablaba sobre el reino y las familias de alta cuna de Hispalis. Los Hierro, los Acebedo, los Oragón… Observó el escudo de los Hierro y sacó otro libro con el mismo emblema que hablaba sobre el Rey Próspero I (actual gobernante) y sus ancestros. -Este es sobre la familia Hierro que gobierna Hispalis- comentó con cierto descontento mientras ojeaba sus páginas.

-Aquí hay algo sobre los Hierro.– Reveló él cogiendo una nota del escritorio -Es una nota sobre asuntos de la corte. Informa que han envenenado al hijo del rey para que no engendre descendencia pero aún no saben quién ha sido- Se encogió de hombros. No conocía el reino de Hispalis, a los Hierro o su familia. Jamás había oído hablar de nada de eso. Siguió registrando el escritorio mientras Jasnah continuó con los libros.

-¡Un libro sobre símbolos!- dijo ella -Este me lo guardo-

-Contrabandistas, no hay duda- añadió el ladrón separando y ojeando las hojas esparcidas en el escritorio. -¿Qué es esto?- registrando concienzudamente, encontró un viejo pergamino, enmohecido y sucio en el doble fondo de un cajón.

Nameogh Buentalante Dardragón… ese nombre sí le sonaba. Fue un mediano, un ladrón legendario que combinando la magia con su astucia llegó a robas incluso a nobles de la mismísima Aguas Profundas. Sus historias eran dignas de admiración pero siempre había creído que era una invención popular.-

[Imagen del pergamino que encuentra Aedan]

Este pergamino lo creé hace más de diez años. Tras mis primeras partidas en mesa. Muchos reconoceréis el texto pues es sacado de las que, por aquel entonces, eran mis novelas favoritas.

Nameogh Buentalante Dardragón fue uno de mis jugadores y amigos de esa época.

Lo guardó en su mochila. Advirtió que Jasnah estaba mirándolo fijamente -Lo leeremos después- añadió. Ella asintió.

Ambos salieron del despacho, cruzaron el recibidor y se asomaron a la puerta contraria. Un gran comedor con puertas al fondo -Las cocinas. No me interesa- expresó el ladrón.

Subieron por las anchas escaleras al segundo piso. Cada peldaño hacía más evidente el sonido de voces en la sala más cercana a la izquierda. Él hizo el gesto de silencio llevándose un dedo a los labios. Ella asintió.

 Escena 3 – Planta 1. Casa de Campon Traediel

Suben las esclaeras. La alfombra suaviza el sonido de sus pisadas y pueden escuchar el resto de guardias que están en algún punto de la izquierda. Se asoman con cuidado. Es la primera puerta, está abierta. Tanto Jasnah como el ladrón deciden ir a la derecha.

Pido una tirada enfrentada. El sigilo de los protagonistas contra la escucha de los guardias. Jasnah no supera la tirada de sigilo y uno de los guardias escucha algo.

La hevilla de la mochila de Jasnah choca contra el último tramo de la varandilla cuando se gira para ver el otro lado del pasillo.

-¡Eh! Silencio- escuchan decir desde la estancia que venían las voces. -He oído algo- añadió -Y el resto está tardando ¿no?- convino otro. Sillas se arrastraron por el suelo. Jasnah y su compañero tenían poco tiempo para reaccionar. Ella entró en la estancia que tenía más cerca, él accedió por la puerta del fondo. Esta vez fue la puerta del ladrón la que hizo ruido.

Un guardia va al dormitorio. Dos más bajan al vestidor y el último, el que ha escuchado más claramente los sonidos ajenos, se queda arriba en las escaleras.

Se trata de un vasallo bien vestido con peto limpio y manos suaves. Entra al dormitorio para echar una ojeada porque la delatora puerta de la estancia contigua le resulta evidente. No encuentra a Jasnah (que se ha ocultado bajo la cama), así que sale rápidamente y se diribe hacia el taller de indumentaria.

La estancia junto al dormitorio es un taller de indumentaria. Vestidos, trajes, jubones, pantalones, pantuflas, uniformes, telas de diferentes calidades… El ladrón entró con rapidez tras el ruido que había producido al abrir la puerta. Echó una rápida ojeada. Las burras con los trajes podría suponer un buen escondite, de no ser porque las prendas no llegaban al suelo. Rápidamente cruzó la estancia hasta el armario de su izquierda. Se metió en él.

El vasallo llegaba ya al taller cuando la puerta del armario se cerró. Fue directo. Cuando la abrió, el ladrón estaba preparado. El ataque fue rápido y sorprendentemente certero. Una primera puñalada y el sorprendido vasallo cayó hacia atrás. El joven ladrón saltó sosteniendo al vasallo y arrebatándole la vida.

  • Los guardias del vestíbulo salen. Escuchan revuelo en la armería. Dan la voz de alarma. El líder de los mercenarios y el resto que estaba por allí bajan al vestíbulo pero salen por una puerta secreta junto a las escaleras. Todos salvo un noble soldado de la casa que se queda en el vestidor junto a la puerta.
  • Jasnah lo ve desde la ventana del dormitorio que da al vestidor. La abre despacio, apunta con su ballesta pero al disparar erra el tiro. El guarida da la voz de alarma. Un mercenario regresa y ambos suben corriendo las escaleras.

Con su tirada de sigilo, Jasnah no supera las tiradas a escuchar de uno de los guardias.

  • Mientras tanto Aedan sale del taller y se mete en el cuarto con Jasnah. Bloquean la puerta con la cama. A un tiempo, dejan de empujar y abren la puerta de golpe. Los guardias trastabillan hacia el interior y hay un primer intercambio de aceros.
  • Cuando el mercanrio va a por Jasnah ésta los intimida, aumentando su voz x3, provocándoles miedo. Ni el noble ni el mercenario quieren acercarse a la niña así que atacan a Aedan hiriéndolo de gravedad. Pero el pícaro consigue matar al noble mientras que Jasnah salta sobre el mercenario herido también por Aedan pero, antes de que el pícaro pueda reaccionar, Jasnah le mete los dedos en el ojo y aprieta, aprieta y aprieta hasta que le estallan los globos oculares y sigue apretando buscando las partes blandas y hudiendo sus deditos hasta que el mercenario cae muerto.

Con su tirada de sigilo, Jasnah no supera las tiradas a escuchar de uno de los guardias.

  • Ambos van a la sala de guardia. Jasnah se laba las manos en la pila mientras Aedan observa la estancia curándose las heridas. Jasnah encuentra un botiquín con una pócima que sana mucho más a Aedan.
  • Hay ruídos que vienen de la parte inferio. Uno de los recién llegados amplifica la voz como Jasnah. Goblins gritan.
  • Tras intercambiar unas palabras, Jasnah bebe cerveza de los guardias ausentes, tranquilamente. Aedan la insta a continuar.
  • Vuelve al taller, lo registran encontrando un tarrito con un trozo de sueñíscalo. Jasnah incendia el taller con los aceites cuando Hans Estertich aparece. Resulta evidente que se precipitaron con el fuego pero deben salir.

Con su tirada de sigilo, Jasnah no supera las tiradas a escuchar de uno de los guardias.

  • Las cosas parece que se ponen feas abajo. Hans los conduce y salen por la puerta de atrás de la mansión viendo el Despeñapresos y a Virming.

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